lunes, 26 de enero de 2026

Lázaro Resucitado. Richard Price

 


     "Para Anthony Carter, de cuarenta y dos años, los dos últimos en paro, separado de su mujer e hijastra durante el mismo periodo de tiempo, apartado de la cocaína desde hacía seis meses y recientemente refugiado en el apartamento de sus fallecidos padres en el bulevar Frederick Douglass, aquella era una de esas noches en las que encontrarse a solas con sus pensamientos, a solas con sus pérdidas, resultaba mortal de necesidad, de modo que hizo lo que siempre hacía: salir a dar una vuelta, lo que en su caso significaba recorrerse los bares de la avenida Lenox, uno tras otro, tildando este de demasiado quinqui, aquel de demasiado turístico-escandinavo, demasiado ruidoso el de más acá, demasiado muermo el de más allá, y así hasta el infinito, limitándose a darle apenas un par de sorbos a su consumición en cada uno de ellos para luego dejar caer sus dólares sobre la barra y salir en busca del siguiente local como un Ricitos de Oro de alta graduación, con la esperanza de que el próximo bar, la próxima conversación aleatoria, motivase alguna clase de epifanía que le revelaría una nueva manera de ser, pero todo formaba parte de una rutina que nunca le llevaba a ninguna parte que no fuese de vuelta al apartamento, algo de lo que era perfectamente consciente, pues lo había aprendido con la práctica, pero «quizá esta vez» es una adicción y «nunca se sabe» es otra, de modo que puso rumbo a la calle".
 
     Más por The Wire que por otra cosa el caso es que Richard Price es un nombre que figuraba entre mis pendientes para 2026. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Lázaro Resucitado.

     Viajamos hasta Harlem 2008. Allí un edificio de 5 plantas sufre un colapso y se derrumba. Seis muertos y varios desaparecidos y la zona se vuelve un caos. Bien lo sabe la policía Mary Roe que se obsesiona con buscar uno de los desaparecidos mientras el fotógrafo, Félix, no para con su cámara y el propietario de una funeraria en problemas, Davis, ve oportunidad de negocio. Sin embargo, el que más llama la atención es ese hombre que pasa varios días entre los escombros, Anthony Carter, y aparece con un mensaje para su fama instantánea.

     Es evidente que tras un suceso así, los personajes de la novela van a estar en un modo errático, desubicado o, sea cual sea, afectados por lo sucedido. Pero también es evidente que la historia central es la del hombre que aparece, resucitado o no, sano y salvo tras la tragedia. Y creo que en esta última frase he dicho más de la sinopsis que en todo el párrafo anterior. Carter es, a todas luces, un fracasado: sin empleo, adicto a la cocaína y con un matrimonio a sus espaldas lo único que le faltaba es que se derrumbara su casa. Y así sucedió y de allí es rescatado después de más horas de las razonables convirtiéndolo en un famoso de forma instantánea al que se le facilita un podio desde el que va a ser escuchado por muchas personas. Y su historia conmueve, cómo no, y Carter se da cuenta: es su momento. El lector no solo sabe que está en su momento por Carter, también lo hace por las reacciones del resto de personajes a sus palabras. 

     Price es un excepcional captador de momentos y pulsos sociales, las reacciones son su especialidad y, una vez más, esta novela es un claro ejemplo. Esto es importante porque en la novela de Price realmente no hay una trama como tal. Me explico: se ha derrumbado un edificio y hay cuatro personajes que orbitan en torno a esta trama pero ninguno de ellos, ni siquiera el milagro andante, puede decir que sea una experiencia que marca la trayectoria de su vida. No tienen un punto de inflexión, no cambian porque tengan una revelación, no. Nada. No se trata de eso. Son cuatro personas cualquiera, parece decirnos Price, pero, eh! ¡tu fíjate en la explosión!,¡se oyó lejísimos! Si hay que disfrutar del camino, Lázaro Resucitado es el ejemplo perfecto en la literatura. Y eso que sí, hay incluso un poco de amor, pero... no. Y aún así se disfruta, se pasea, se siente y se huele. Ese es el gran mérito de Price.

     Lázaro resucitado es una novela sobre un derrumbe. Y poco más o tal vez con todo lo demás. Pero se disfruta.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 19 de enero de 2026

Elantris. Brandon Sanderson

 


     "ELANTRIS fue hermosa, en otro tiempo. La llamaban la ciudad de los dioses, un lugar de poder, esplendor y magia. Los visitantes dicen que las piedras mismas brillaban con una luz interior, y que la ciudad contenía maravillosos portentos arcanos. De noche, Elantris resplandecía como un fuego plateado, visible incluso desde una gran distancia. 
      Sin embargo, por magnífica que fuera Elantris, sus habitantes lo eran todavía más. Con el pelo de un blanco esplendoroso, la piel casi de un plateado metálico, los elantrinos refulgían como la ciudad misma".

     Sanderson y su Cosmere son tan extensos que se corresponden perfectamente con el meme del hombre que encuentra un genio y, pudiendo pedir un deseo le pide olvidar lo leído de Sanderson para poder disfrutarlo desde cero. El genio concede el deseo a nuestro hombre que, ajeno a lo que Sanderson le había hecho disfrutar, llega a la librería y ante la gran cantidad de títulos que componen el Cosmere se dice: "puf, qué pereza", y jamás llega a disfrutar tanto como lo había hecho antes de conocer al genio. La moraleja de la historia es que los genios hacen trampa y las personas también. Y por eso a veces nos perdemos grandes cosas. Para que eso no os suceda o, por si tenéis curiosidad, hoy traigo a mi estantería virtual, Elantris.

    Conocemos Elantris, ese lugar magnífico habitado por seres aún más magníficos que son capaces de llegar a convertirse en dioses. No todos, claro. Sin embargo sobre la ciudad ha caído una maldición que pesa sobre los elantrinos, ahora seres cetrinos sin rastro de grandeza o divinidad. Elantris cae y Arelon sigue su camino. Y allí llega la princesa Sarene para casarse con el príncipe Raoden. Su sorpresa al llegar es encontrarse con que es considerada su viuda y, como tal tiene que defender Arelon de la amenaza que supone el imperio Fjordell y, más concretamente, del sacerdote Hrathen. Después de todo esto, solo hace falta saber una cosa: Raoden está vivo.

     Si alguien me pregunta por dónde empezar con Sanderson siempre digo que Elantris. No en vano fue su primer título publicado hace ahora veinte años, así que, quién soy yo para cambiarlo? Y si alguien piensa que por ser el primero no va a encontrarse el desarrollo de mundo, las leyes de la magia o los personajes perfectamente posicionados a los que Sanderson nos ha ido acostumbrando, se puede ir olvidando del tema. En el trío protagonista está su héroe habitual, vestido con todas y cada una de sus capas; el personaje femenino fuerte pero que es capaz de infundir ternura en muchos momentos.... y Hrathen, que ya decida cada uno si lo ama o lo odia en cada una de las páginas, ya que lo que no dije es que la misión de este sacerdote tiene una fecha de caducidad en la que, si no ha logrado la conversión, acabará en exterminio. Es decir, empezamos a girar entre lo malo, lo menos malo, lo no tan malo y aquello otro de quizás... Y con ellos desarrolla un mundo lleno de magia, reglas y heroicidades, porque encontramos política, alguien a quien salvar y algo en lo que creer. Y todo ello con tres nombres y tres primeras personas. Pareciera que, al tratarse de un libro autoconclusivo, una pequeña puerta, también ha decidido limitar el número de personajes que intervienen para así hacernos más fácil el comienzo de la ruta. Porque hay una ruta llena de descubrimientos. Hay que saber qué es la Shaod, esa especie de maldición que convierte a las personas en lo que es ahora el príncipe: en eso. Y para ello hay que adentrarse en el mundo de la magia y, por supuesto, de la fé.

     Llegado este punto podría ponerme a explicar que es una primera novela, que si llegas a ella después de haber leído Mistborn le vas a ver carencias o que en un futuro Sanderson va mejorando cualquier "pero" que puedas encontrar aquí. Sin embargo el viaje (guiño, guiño) es importante. Y descubrir uno mismo el mundo, el detalle, los sistemas mágicos y tener la puerta para entrar no ya al Cosmere sino a la creación de un universo que, como el nuestro, sigue en expansión, no requiere justificación o defensa. Solo ganas de adentrarse en él. Y si os da miedo escénico el paralizar vuestra lista de lecturas (aquí tengo que decir que son mucho más valientes las lectoras que empiezan con Sarah J. Maas metiéndose de cabeza y sin tomar aire), Elantris es la elección adecuada. Y si salís sabiendo de Aons y de AonDor, ya os anticipo que estáis en el camino de tirar y empujar. Aunque ahora no os diga a qué me refiero.

     Elantris es una gran entrada al mundo del Cosmere y, si ni siquiera te has planteado entrar, entonces es una buena novela fantástica. Muy disfrutable.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 12 de enero de 2026

Bunny. Mona Awad

 


     "Las apodamos Bunnies porque así es como se llaman ellas entre sí. En serio. Bunny.
     Por ejemplo:
     ¡Hola, Bunny!
     ¡Hola Bunny!
     ¿Qué hiciste anoche, Bunny?
     Estuve contigo, Bunny. ¿No te acuerdas, Bunny?
     En realidad, Bunny, estuvimos juntas y me lo pasé en grande.
     Te quiero, Bunny.
     Te quiero, Bunny!".

     Así de raro es este libro, y más que se va a poner. Hoy traigo a mi estantería virtual, Bunny.

     Conocemos a Samantha mientras cursa el máster de Bellas Artes de la Universidad de Warren en Nueva Inglaterra. Y pronto sabemos que no encaja allí. Hasta aquí es la típica historia de chica con beca llega a escuela (del tipo que sea) elitista y, pese a ser la pobre y tener papeletas para ser la marginada, mira con superioridad moral a todo el mundo. "Todo el mundo" son las bunnies, clones de chicas perfectas que se llaman unas a otras utilizando el apodo Bunny como si pertenecieran a una suerte de secta. Y entonces Samantha es invitada al "Salón de las Obscenidades" por las Bunnies, y no quiere resistirse.

      Hasta aquí, todo convencional. Samantha en realidad quiere encajar, o lo justifica diciendo que su aislamiento no es bueno para ella, su salud y su futuro, y pierde el culo por aceptar la invitación incluso olvidando a la única persona que tiene a su lado hasta ese momento. Novela de instituto "de manual" que ha ascendido al máster. Y las bunnies son el típico cuarteto de clones, cada una en su estilo, que solo viven de flores, mariposas y arcoíris. Entonces, ¿qué tiene de diferente? El tono. Mona Awad carga la novela de sarcasmo y caricaturiza hasta el exceso a los personajes, provocando que Samantha, ya que es su visión la que se convierte en la nuestra, no parece demasiado sana, hasta el punto en el que el lector duda de si es una o las otras quien tiene un problema mental. De hecho, sabemos que Samantha miente, ella misma dice que es imaginativa y vamos poco a poco a ir viendo cuánto, pero creyéndonos todo. La escuela de creación literaria es duramente castigada por la autora que, además, la sitúa en una suerte de burbuja ajena a la realidad fuera del campus. Y las chicas y su club, se van volviendo prometedoramente siniestras (si os fijáis he dicho obscenidades pero no he vuelto a aludir al tema, más que nada porque estoy teniendo mucho cuidado con lo que cuento para no estropear la lectura).

     Bunny es surrealista, hay creaciones que se eliminan, humor muy negro y alguna que otra escena que te hará dudar de tu propia percepción de la realidad. No vas a tener claro si lees una fantasía alucinógena o una crítica mordaz llevada al extremo más absoluto y vas a comenzar a entender por qué, si te ha dado por buscar opiniones, la mayoría apenas están razonadas para no dar pistas sobre lo que vas a encontrarte más allá de un par de referencias a películas del género adolescente/terror.

     Bunniy es para amarlo o para odiarlo, pero como todos sabemos que no podemos resistirnos al morbo y a mirar por la ventanilla cuando vemos un accidente, es mucho más probable que lo améis a lo que odiéis. Os va a hacer reír en algún momento en el que no deberíais hacerlo y os va a dejar con resaca y algún que otro pensamiento intrusivo durante la lectura (pero no de los oscuros, solo querréis ir al baño en el trabajo para poder leer un poco más) y, sorprendentemente, va a democratizar la edad de los lectores hasta colocarlos en el momento justo en el que entiendan todo demasiado bien. Menos a Samantha. Con ella os garantizo que vais a tener opiniones encontradas.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 7 de enero de 2026

Realidades a medida. Brandon Sanderson

 


     "Anthony Davis, una de las dos únicas personas reales en una ciudad de veinte millones de habitantes, atrapó el burrito que su compañero le había lanzado. 
      —¿Qué punta es la que lleva mostaza? —preguntó. 
      —¿Cómo que mostaza? —dijo Chaz—. ¿Quién le echa mostaza a un burrito? 
      —Tú. ¿En qué punta? 
      Chaz sonrió, mostrando unos dientes blancos perfectos. Eran falsos".
Instantánea

     Hablar de Brandon Sanderson es hablar de un gigante de la literatura. Conocido principalmente por ser el creador del Cosmere, es uno de esos escritores con los que uno muchas veces no sabe cómo empezar. Hoy elijo relatos, ya seguiré trayendo más cosas, así que coloco en mi estantería virtual, Realidades a medida.

     Siempre digo que reseñar un libro de relatos es infinitamente más difícil que hablar de una novela, ya que hay que tener cuidado no desvelar demasiado, pero al mismo tiempo dar una idea no solo general, sino también un poco centrada de lo que un lector va a encontrarse en el libro. En este caso nos encontramos una decena de relatos de fantasía y ciencia ficción que, tal y como nos indica la cubierta del libro, incluye Momento cero. Esta incluye un posfacio en el que el propio Sanderson habla de la novela y de por qué aparece destacada en la cubierta del libro ya que, como él mismo explica, se trata de una novela corta que quiso añadir como broche a un recopilatorio en el que la extensión y temática de los relatos es variable. No solo eso sino que además da pinceladas de su nacimiento, ya que dice que el hecho de tener un personaje capaz de avanzar en el tiempo apenas unos días junto con otro que retrocediera en el tiempo a la vez y enfrentar a ambos a ese momento cero en el que tienen que intervenir, le resultó demasiado atractivo como para dejarlo pasar. Y creedme si os digo que lo comprendo perfectamente, tanto eso como la cantidad de notas que dice haber necesitado para configurar esta historia que, a mi, me ha parecido absolutamente fascinante y que contiene algunos elementos más que omitiré por eso de dejar la sorpresa durante la lectura. Y si tanto me ha gustado, ¿por qué abro la reseña en cambio con un fragmento de Instantánea? Bien, podría decir que ambos títulos tienen aspectos comunes (ejem, detectives...), pero eso también lo voy a dejar para quienes ya se hayan sumergido en la lectura.
     
     El volumen, que yo empujaría más hacia la ciencia ficción que hacia la fantasía, recorre distintos momentos de la literatura del autor, y en él podemos encontrarnos acción, sorpresas, dragones y, por supuesto, una dosis de su sentido del humor que, en uno de los relatos en particular, carga especialmente. Por supuesto y pese a que haya dicho que son de distinta extensión, no tenemos que olvidar que se trata de Sanderson, así que nadie se va a extrañar si los relatos tienen su propia división capitular, porque ya sabemos que lo de explicar las cosas es uno de sus mejores vicios y de nuestros mayores deleites, al darnos siempre las herramientas para comprender cada uno de sus mundos o dinámicas. 
     Pero retomo, ya que hice un poco de trampa al empezar la reseña y centrarla en la novela corta con la que finaliza el recopilatorio. Argumentos a un lado, extensiones y capitulaciones explicadas, me ha gustado particularmente el tema de los posfacios. Y es que Sanderson ha incluído uno por cada uno de sus diez títulos, y en ellos sitúa al lector dándole pinceladas de eso que tanto nos gusta y que es la mente del autor en el momento de la concepción de la historia o tal vez en el de su construcción y el por qué sí o por qué no incluir alguna de sus partes. Una delicia en este caso no solo para sus fans, también para cualquier aficionado a la literatura del género, o a la escritura en general, que permite el acceso a una parcela generalmente privada de la creación literaria y que en este caso nos invita a sentirnos parte de ello sin importar el tiempo que hace que fue escrito. En cuanto a los relatos en sí he encontrado mucho y bueno durante la lectura: frente a lo que os contaba de los viajes en el tiempo en la misma dirección pero distintos sentidos, hay también tecnologías que permiten recrear días en los que suceden cosas específicas (algo así como Minority Report pero sin ser Minority Report), otras las podríamos relacionar con algún título ya publicado del autor (pero tranquilos, esta lectura es como una cita rápida, no pide haber leído antes ningún título y tampoco compromete a nada), hay mundos creados y zonas virtuales y, en definitiva, un cuarto de siglo de un Sanderson que escribe como siempre pero se adentra en zonas diferentes a las habituales (vuelvo a mencionar aquí el tema detectivesco).
  
      Realidades a medida me ha parecido un gran título, tanto para los aficionados a Sanderson como a aquellos que pueden sentirse intimidados por el Cosmere y no saben por dónde empezar. Muy disfrutable y con una parte comentada que pone un broche perfecto al recopilatorio.

     Decidme, ¿os han regalado libros estas Navidades?

     Gracias.

lunes, 5 de enero de 2026

Soñadores. Gilbert Adair

 


“La Cinémathèque Française está situada en el 16éme arrondissement, entre la explanada del Trocadéro y la avenida Albert-de-Mun. La monumentalidad mussoliniana del Palais de Chaillot en el que está alojada impresiona tanto al cinéfilo que la visita por vez primera que le llena de alegría vivir en un país donde se concede tal honor a la que, en otros sitios, tiende a ser la menos respetada de las artes…”

     Gilbert Adair escribió Los Santos Inocentes en 1988. En ella, narraba la historia de tres jóvenes cinéfilos en París durante mayo del 68, inspirándose para ello en la obra de Cocteau titulada Les Enfants Terribles. La novela fue adaptada al cine como Los Soñadores y así, tras este largo camino, nació la reescritura de la novela que hoy traigo a mi estantería digital.

     Conocemos a Matthew, Theo e Isabelle. El primero es un estudiante estadounidense cursando en París y los dos últimos son gemelos hijos de un poeta. Todos ellos se conocen por su afición al cine, al que acuden de forma semanal, y además Matthew está enamorado de los gemelos. Sucede entonces que el cine cierra y Matthew decide llamar a los gemelos. No solo eso, además, los gemelos se quedan solos en París sin supervisión y los tres jóvenes comienzan a encontrarse y deciden llevar el juego del cine a otro nivel.

     Esta es una de esas novelas de personajes, en la que ellos mismos son además la sociedad que representan y donde cada una de sus aristas es importante que sea reconocida. Matthew, de 18 años, es un joven estadounidense de costumbres conservadoras y con un padre castrante que no acepta sus gustos sexuales. Frente a él, los gemelos están rozando la mayoría de edad y tienen unos padres que los ignoran ya sea por mirarse solo su creador ombligo o por, directamente, apenas existir. Como en una representación del momento en el que se desarrolla la historia, los tres se dejan llevar por sueños que llegan a ser pesadillas, olvidando que existe el mundo exterior a las cuatro paredes que confinan sus juegos y lo que empieza siendo divertido y casi vivir un sueño se va tornando en una pesadilla de seres alienados que pierden el contacto con la realidad hasta que esta les golpea rompiendo su endeble barrera de cristal (una ventana). Con un profundo contenido sexual, la novela desarrolla los gustos de Matthew dirigiéndolo hacia el enamoramiento de dos personas a las que ve como un todo, como una zona gris del deseo que puede romperse si esa unión lo hace. 

      Sorprende la prosa del autor, cuidada e incluso delicada, en los momentos más perturbadores tanto como en los más sencillos, dejando que el lector sea transportado por las palabras y confundiéndolo en cuanto a las sensaciones percibidas por lo que nos está narrando. La atmósfera de la novela se pervierte hasta convertirse en un lugar oscuro que hace al lector temerse el peor de los finales, mientras transita a velocidad vertiginosa a lo que no deja de ser una oda al cine y sus pasiones.

    Soñadores es una novela perturbadora cuyo descubrimiento me ha hecho pensar en buscar la película, algo que haré durante estos primeros días del año.

     Y vosotros, ¿con qué libro habéis comenzado el año?

     Gracias.

lunes, 22 de diciembre de 2025

Trilogía Caraval. Stephanie Garber

     "¡Bienvenidos a Caraval!"

      Se abre el periodo navideño y con él la búsqueda del regalo perfecto. Ahora que están de moda los romantasy y los dragones, elfos (faes ahora pero si no son lo mismo, se le parecen mucho) y demás, uno puede encontrarse en la situación de no tener muy claro si lo que está regalando incluye o no una sesión sexual des estas que se han puesto de moda y son un cruce entre los gemelos que reforman casas y una clase suave de calistenia. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Caraval.

     Conocemos a Scarlett y a Tella, dos hermanas que viven bajo el yugo de un padre autoritario que dispone de sus vidas como si fueran de su propiedad y que las ha criado él solo tras la ausencia de una madre a la que la hermana pequeña ni siquiera recuerda.  Como buenas hermanas de cuento, porque esto es un cuento de hadas, son de carácteres opuestos: Scarlett es más tranquila, ahora incluso va a casarse con un hombre la que no conoce pero con el que se cartea y del que se ha enamorado ya; mientras que Tella es rebelde y su mayor objetivo parece ser salir de allí. Ambas concen Caraval, el mayor espectáculo mágico que existe, y de hecho una de las hermanas ha escrito cartas durante 7 años para ir, pero no será hasta este último año, cuando avisa de que es su último intento porque va a casarse, que reciba respuesta e invitación para acudir si consigue salir de la isla en la que viven. Y así, gracias a Tella, ambas hermanas huyen y se enfrentan al espectáculo más maravilloso y al concurso más peculiar de sus vidas, cuyo premio para un único ganador es un deseo cumplido.
 


     Así empieza una novela que da pie a una trilogía y media, hay otro tomo que no es exactamente la trilogía pero vale, en la que uno puede parar de leer cuando quiera, pero que apetece terminar. Concebida como un cuento de hadas que ha conocido a Tim Burton pero la ha coloreado Lacombe, Caraval ofrece magia, aventura y humor sin olvidar tampoco el componente romántico o sentimental que lleva a sus lectores a seguir las aventuras de Scarlett para poder encontrar a Tella, porque sí, Tella de repente... bueno, no doy detalles. El caso es que estaríamos en un punto en el que el amor rivaliza con la historia que hay entre estas hermanas que no son malas, pero tampoco buenas del todo y que tienen una relación tirando a regular sin que ello haga que deje de ser ¿enternecedora? o algo así. A fin de cuentas quién entiende las relaciones entre hermanos salvo ellos mismos.

      La estética y ambientación es lo más destacable, ya que la autora consigue que creamos estar en el país de las Maravillas de Alicia, en un parque te atracciones tematizado en el medievo o quizás en una carpa propia de Big Fish. No necesita ser original, solo ser diferente y exagerado para que funcione. Y en esta ocasión lo hace incluso en la caracterización de los personajes secundarios que se van retorciendo para sorprender al lector y que no quiera quedarse en la lectura del primer tomo. Además, tengo que añadir que estamos ante una lectura de zona segura. Señores, aquí no se empotra a nadie, el amor se siente, se pasea, hay besos y romance... pero nada de calzón quitado, lo que hace que sea una muy buena opción para quien tenga que buscar un regalo del género para un lector no tan adulto o, simplemente, para quien le apetezca moverse en este espectro romántico más clásico.

     Si no he hablado de las dos entregas posteriores es solo por un motivo: no quiero hacer ningún spoiler del primero. Solo diré que hay hermanas, príncipes, magia, padres, prometidos sorprendentes y marineros que también lo son. Hay criaturas de todo tipo y no todos son los que parecen, de hecho casi ninguno es lo que parece. Y además, la clave de toda la trilogía la encuentra uno en las primeras páginas. No solo eso, uno la lee, la repite y jamás la olvida. Solo que no sabe que es la clave hasta que no se lo explican. Un poco como cuando buscas las gafas y acabas descubriendo que las llevas puestas sobre la cabeza... Y no, decir esto no hará que vayáis a daros cuenta. Esa es la magia de Caraval. Realmente estás allí.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 15 de diciembre de 2025

Horrorstör. Grady Hendrix

 


     (El fragmento está en la imagen que cierra la reseña).

     Si entras en mi casa, verás que sobre la mesa de la sala tengo siempre el catálogo de Ikea. Solo que, si te fijas un poco más, podrás ver que en realidad ni es un catálogo, ni es de Ikea. Se trata de la novela que traigo a mi estantería virtual, hoy traigo Horrorstör.

     Conocemos Orsk, una tienda que es un clon de Ikea (pero no Ikea, recordemos). Sus tiendas están repartidas por Estados Unidos y son grandes locales, o naves, exactamente iguales, en las que de distribuyen los muebles de forma similar y cómoda para que los compradores se pierdan en sus cuidadosamente diseñados laberintos y paguen por salir, con un cargo en forma de mesa o estantería, por poner un ejemplo. De todas esas tiendas, nos vamos a fijar en la que más vende pese a llevar abierta menos de un año, y es la de Cuyahoga, Ohio, pero no lo haremos pensando en números, no. Nos vamos a fijar en ella, porque está embrujada.

     Y, de verdad, no os hacéis una idea el problema que puede ser trabajar en una tienda embrujada, porque allí los inventarios cambian solos, algunas cosas también, las cámaras se desconectan por la noche y, el pobre empleado al que le toca ir de mañana, ya sabe que se va a encontrar con un montón de material con daños. Y Basil dice que son vándalos, que se cuelan por la noche. Basil es, por cierto, el gerente o encargado de la tienda. Y ahora solo está preocupado por la evaluación de la misma, así que ha pensado que lo mejor será pasar la noche en el local junto a dos empleados: Ruth, la cajera feliz, y Amy, que está en ese trabajo de paso y así la importa a que solo la impulsa a doblar turno el dinero. Lo que Basil no sabe es que otros dos empleados han decidido quedarse también Matt y Trinity. Para que nos entendamos Matt quiere acostarse con Trinity y ella grabar fantasmas, así que Matt va con la cámara para ver si así... ya me entendéis. Y a partir de aquí, como buena novela de terror, solo me resta deciros que algo hubo, y no fue un cementerio, construido donde ahora se encuentra la tienda. Un clásico revestido de imagen moderna de forma literal, como podéis ver.

     Tengo que decir que lo único en lo que Basil tiene razón es en que había alguien en la tienda por la noche, aunque no fuera su culpa lo que estaba sucediendo. Y es que al César lo que es del César. Y ya no cuento más. Al menos de forma directa. Lo que si puedo decir es que Hendrix hace una comparativa de lo que supone un trabajo que no gusta o llena en el que hay que hacer lo que a uno le ordenan mientras solo puede pensar en la hora en la que al fin se sienta libre de alejarse de allí todo lo posible. De hecho, poco a poco las imágenes se fusionan y los muebles se convierten en algo mucho más terrorífico (algo que me ha hecho reír ya que montar algunos muebles puede ser una experiencia bastante cercana al horror) y la novela se va tornando en una experiencia desagradable con ratas incluidas (sí, Hendrix, he nombrado las ratas): La novela comienza en un tono ligero, o tal vez sea la novedad del entorno y la premisa y forma de la historia, que poco a poco se va volviendo más seria y oscura acercándose al horror clásico de una forma un tanto peculiar, como viene siendo costumbre en el autor. Al final nunca sabes si a la vuelta de la esquina de un pasillo vas a encontrarte con un fantasma o con una carcajada, pero la novela incluye un par de sustos efectistas y una atmósfera opresiva que la hacen salir muy bien parada en el género.

     Horrorstör es una invención, una sátira salvaje que vira al terror para señalar en lo que se convierte la vida de adulto. Y, sobre todo, es diversión pura y dura. Solo hay que leer las descripciones de los muebles que aparecen en este falso catálogo y, una vez que nos haya parecido ridículo, compararlas con las de la tienda real. ¡Sorpresa!

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.


     Hoy tengo que mencionar la magnífica edición de Editorial Hidra.